Mañanas lluviosas, tardes soleadas y noches estrelladas; suelas desgastadas y miles de panes franceses, aveces calientes, aveces tirantes; letras, libros, dibujos; conciertos, teatro y fotos; pulgosos paseando de arriba a abajo, parques con esquinas aromatizadas con un penetrante olor a orina, aunque también, con incontables metros llenos de "bichitos" y arboles dispuestos a acoger su dorso; gente caminando, o tal vez, corriendo, la mayoría siempre conversando y por obligación: sonriendo.... ah! y aquellos corredores llenos de historia, de palomas y porque no, de sus huellas... Sueña día a día con volver a esto, a que su inherencia de silenciosa observadora, se estanque felizmente en algún rincón capitalino, mientras el mundo gira en medio de tanta perturbación y ajetreo...
No nacimos solos (procreación y medicina), no crecimos solos (educación y orientación familiar), no moriremos solos (por lo menos con 2 personas, la funeraria, sola no estará), es más no vivimos solos, simplemente por la existencia del señor del lado, de aquel que duerme en la habitación de abajo, o hasta de la misma presencia de los extraterrestres, de quienes sabemos que existen, pero no hay comprobaciones que corroboren ésto. Solo nuestro inconsciente, más consciente que lo llamado así, sabe que, a pesar de que el cuerpo esté rodeado por masas, músculos, huesos y órganos edificando miles de seres humanos, la mente, el corazón y el espíritu, serán presa de la mal llamada (aveces) maldita, pero otras muchas, bendita Soledad.
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